domingo, 6 de septiembre de 2009

Inversión Digital sin Educación Digital

En Perú, país central en el pacífico de América del Sur, se han invertido desde el año 1984 más de 1050 millones de Nuevos Soles (350 millones de dólares) en equipamiento, mobiliario e Internet para las aulas escolares. Sólo en los últimos cinco años se han sobrepasado los 150 millones de Nuevos Soles (50 millones de dólares) en computadoras. Estas cifras no incluyen servicios (energía eléctrica), remuneraciones de profesores ni planes y acciones para la elaboración de contenidos digitales de utilidad didáctica. ¿Y el retorno de esta inversión?
El hecho descrito es similar para cualquier país del mundo. No hay país que pueda mostrar indicadores de éxito en la calidad del producto educativo (en el nivel de egresados de la escuela básica), logrados en los últimos 25 años gracias a la inserción de la computadora; por lo menos no hay investigación que valide tal supuesto.
Salvo aislados logros, no se ha alcanzado una mejora cuantitativa ni cualitativa que demuestre que más computadoras generan una mejor educación.
Y es que se comenzó por los equipos, como si más carros generarán mejores choferes, como si más computadoras generarán mejores mentes, como si más Internet generara mejor comunicación ("... mejores máquinas no hacen mejores hombres", Robert Gilbreath).
La paradoja
En la era de las comunicaciones sin fronteras, los hogares viven la peor comunicación entre sus miembros; las familias sufren de silencio y del sin sentido; hijos y padres están afectados por el mayor desencuentro en la historia de la humanidad. El vacío generacional se ha convertido en una brecha controversial. Pretendemos cerrar la brecha digital sin reparar en la falta de afecto al interior de la familia, en el respeto como condición para la sana convivencia y nos preocupamos por tener la computadora y el Internet más veloz sin construir la unión entre personas, familias, ciudades y países.
Agenda pendiente
¿Qué estamos haciendo mal? Hay una agenda pendiente, y ésta es la de construir un nuevo tipo de ciudadano, un nuevo modelo educativo que debe partir por la formación de un nuevo maestro, de diferente perfil al conocido.
Al revisar la evolución del currículo de formación de maestros en los últimos 25 años, encontramos que no ha variado casi en nada o exactamente en nada; más datos de la historia o de la ciencia no hacen maestros mejor preparados para el escenario actual. Se requiere formar la competencia digital; se necesitan mentes analíticamente bien dotadas, capaces de desempeñarse ante inmensurables volúmenes de información que bombardean la percepción humana desde diversas fuentes. Hoy, se exige personas intelectualmente hábiles, emocionalmente maduras y cognitivamente bien dotados. De poco sirve la primera característica si las otras dos no se evidencian; o las primeras dos características pueden ser suficientes si el sujeto puede construir conocimiento al utilizar su habilidad para el tratamiento de información. Esto significa que la escuela preocupada porque sus estudiantes almacenen abundantes datos en sus cabezas ya no sirve; la escuela que supone que a mayor cantidad de datos almacenados en la memoria mejores personas, esa escuela está en desfase. Recordemos que de poco sirven personas que saben mucho pero reflexionan mal. Finalmente, los datos están en las computadoras o en Internet, pero se requiere del sentido común, de la inteligencia y de la creatividad para saber aprovecharlos.
Desterremos el vicio del memorismo y de la acumulación mecánica sin significado ni estructura.
Una propuesta: Una Agenda Digital para la Educación
Ayllu Digital invita a reconvertir la formación de maestros, primero que nada; el tipo de escuela, de inmediato; y, consecuentemente, el producto educativo.
Para esto, es necesario una alianza estratégica y un real compromiso social mancomunado; es decir, actuar en equipo y que mejor si fuesen las más distinguidas instituciones del mercado, las empresas de mayor posicionamiento acompañadas de pedagogos y un argumento sólido.
La Agenda Digital para la Educación (la peruana o de cualquier país), debe comprender líneas específicas de acción, entre ellas:
a. Promover un cambio profundo en la formación de maestros, de modo que nuestros docentes sepan estimular las operaciones mentales de sus estudiantes en el tratamiento de información (habilidades intelectuales) para la construcción de conocimientos y para compartirlos, en el proceso de aprendizaje y en el logro del mismo (madurez emocional).
b. Impulsar un programa intenso de alfabetización digital, con la población de todos los sectores; pues la mayoría de adultos aún son analfabetos digitales y no acompañan a sus hijos en el escenario virtual, desconociendo quiénes son los amigos de sus hijos y qué hacen o qué visitan en Internet (seguridad informática en el hogar y seguridad digital en el sentido de protección al menor y al consumidor).
c. Apoyar a los gobiernos, preferentemente a los municipales, para la construcción de plataformas de gobierno electrónico, programas de escuelas digitales donde se capacite a los docentes y a los vecinos en general; a los primeros para que utilicen la computadora, el teléfono celular, la cámara de vídeo y el Internet como recurso didáctico; y, a los segundos, para dinamizar el empleo de los mismos recursos en la producción según sus actividades económicas.
d. Colaborar con los municipios, entidades conductoras de la educación (UGEL o Gobierno Regional), universidades u otras entidades formuladoras de proyectos para la generación de expedientes técnicos orientados a la innovación del proceso educativo y el equipamiento digital.
Costo Beneficio
La asociación de las empresas más representativas favorecería que logren mayores resultados en menores plazos, lo cual propiciaría un mayor número de usuarios digitales y dinamizaría el mercado, propiciando un impacto notable en la economía.
La cultura tecnológica actual, del chateo y del entretenimiento electrónico, no provee indicadores de efectividad. Siendo esto insuficiente para construir una Sociedad Digital.
Veamos quiénes toman la palabra.

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